Ruta en la hora de comida
Publicado el 22 December 2025
Estoy cambiando la estrategia para ir al trabajo.
Ahora llevo el auto por la mañana y lo dejo en el estacionamiento; por la tarde regreso en bicicleta. Eso implica bajar la bici, moverla, armarla en un punto específico… y exponerse a preguntas incómodas o miradas curiosas de los guardias. Para evitarlo, aproveché la hora de comida: saqué el carro del estacionamiento, lo dejé en un lugar más discreto y armé la bici con calma.
Esa decisión abrió otra posibilidad.
El clima estaba fresco, nublado, perfecto para rodar sin prisa. Así que salí a dar una vuelta.
Recorrí el parque industrial El Florido: 13.5 km tranquilos, evitando zonas altas. El cuerpo apenas entró en calor; aun así, la ruta se mantuvo casi todo el tiempo entre zona 3 y zona 4. Nada agresivo, nada forzado.
El tráfico estaba ligero. Semana festiva. Mucha gente de vacaciones.
Avancé hasta el blvd 2000, pero el camino de regreso estaba encharcado. No quise salpicarme ni complicar la vuelta, así que busqué una ruta alterna: subí por caminos interiores hasta llegar a las vías y tomé el trayecto habitual de esa zona rumbo al trabajo.
El cuerpo seguía estable. Sin sudor. Sin urgencia.
Al incorporarme al bulevar sentí el impulso de acelerar, pero lo contuve. Mantuve una velocidad media cercana a los 25 km/h, sin esfuerzo, sin pelea. Llegué al estacionamiento sin exigirme.
Cuarenta minutos de pedaleo tranquilo.
Una ruta hecha para sentir el viento en la cara
y enseñarle al cuerpo que también se avanza
cuando se pedalea en zonas bajas.
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