El día en que el cuerpo eligió la calma
Publicado el 26 November 2025
La casa estaba en silencio cuando desperté.
Uno de esos silencios que pesan distinto, como si algo se hubiera movido durante la noche.
Charly había dormido adentro; últimamente ladraba de madrugada y me obligaba a interrumpir el sueño para calmarlo. Esta vez, el plan funcionó: descansé sin sobresaltos.
Pero al levantarme no lo vi en la cocina.
Ese pequeño vacío —ese momento donde buscas a un animal que conoces más que a muchas personas— siempre deja una sombra en el pecho. Caminé por la sala, revisé puerta por puerta, hasta que recordé mi oficina.
La abrí, y ahí estaba, intacto todo, como si hubiera esperado pacientemente a que amaneciera. Le abrí el patio para que saliera. Respiré. El día podía comenzar.
La mañana tenía un frío amable, de esos que despiertan sin golpear.
Me preparé un café y revisé algunas cosas en la computadora. El tiempo se fue rápido, como suele pasar los días donde el cuerpo no arrastra cansancio. Preparé el desayuno, di de comer a mis perros y seguí con la rutina que ya es parte de mi vida: ir al trabajo en bici.
Salí a las 08:07 am.
Creí que haría frío y llevé manga larga, pero el clima engaña: en la primera subida la temperatura del cuerpo se disparó y el pulso subió con ella. Aun así, bastó dejarme caer en la bajada para recuperar el control, como quien exhala después de un pensamiento de más.
Me incorporé a la carretera sin prisa, sin buscar nada en especial.
La bajada inicial me permitió deslizarme sin esfuerzo; pedaleé suave, cadencia estable, cambios ligeros… lo justo para avanzar sin pelear. El tráfico era el de siempre, nada que alterara la ruta ni mi ritmo.
En el Refugio avancé hasta el semáforo y, mientras esperaba, revisé el reloj: 23 km/h de velocidad media sin intentarlo.
Ese tipo de cifras dicen más del cuerpo que del camino.
Pude haber buscado récord, aprovechar la ventaja, tensar el músculo y la mente… pero no.
Hoy tocaba otro tipo de lección.
Seguí con la misma suavidad.
Pedaleé de pie solo cuando la velocidad caía, para recuperar impulso sin violencia. En la zona plana cambié a una marcha media y dejé que la bici hiciera lo suyo. El cuerpo estaba estable, casi frío por dentro a pesar del calor exterior.
Ahí, los kilómetros salieron fáciles: 28 km/h de media en ese tramo.
El semáforo de Samsung fue la última pausa.
Después aceleré lo necesario para cerrar fuerte. Nada exagerado. Nada que rompiera la paz interna del trayecto.
Llegué en 28 minutos, con 24 km/h de media, rozando mi mejor marca…
pero con una diferencia enorme:
esta vez no hubo desborde, ni pulsos disparados, ni fuerza sostenida al límite. Solo control. Solo conciencia. Solo cuerpo afinado.
Tomé unos minutos para bajar la temperatura.
No había cansancio. No había lucha interna.
Solo esa sensación limpia de haber entendido otra pieza del rompecabezas:
que la verdadera velocidad aparece cuando el cuerpo deja de pelear contra sí mismo.
Listo para trabajar.
Listo para seguir.
🗺 Ruta asociada
- 📍 Nombre: Trabajo - Ruta de ida
- 📏 Distancia: 11.31 km
- ⏱ Tiempo estimado: 33 min
- 🔥 Calorías estimadas: 305 kcal
- ⭐ Dificultad: 2 / 5
- ⚠️ Peligrosidad: Media
- ⬆️ Altimetría: Plano con pendientes suaves
- 💓 Zona cardíaca: Z2
- 🌀 Fluidez: Alta
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